Por Kely Cordero Hualpa y Maria Gracia Ponce Zuloeta 

La pandemia ocasionó una crisis económica con graves consecuencias en el ámbito mundial. En el caso de Perú durante el 2020, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la población ocupada disminuyó 39,6% en comparación al 2019. Esto significó una reducción en la demanda de trabajo y mayor precariedad del empleo. 

Betty es una mujer de 48 años que cada mañana al despertar, reza y pide fuerzas para continuar. Su vida no ha sido nada fácil. Hace aproximadamente un mes, Betty solía acudir muy temprano a su trabajo en el servicio de limpieza. A pesar de sus dolencias, ella siempre ha tratado de dar el 100% y mejorar día a día. Su optimismo y su manera de ver el lado bueno de la vida, a pesar de las dificultades, la caracterizan. Sin embargo, ahora Betty se encuentra desempleada, decaída y sin solvencia económica que la respalde. 

Hace más de un mes le diagnosticaron cáncer de mama. Desde que se enteró, Betty teme por su futuro y el de sus dos hijas, a quienes cría sola y sin la ayuda de una figura paterna. Ellas han sido su mayor motivación para trabajar duro y darles lo mejor.

Betty Quesquén es una madre trabajadora. En su vocabulario la frase «no puedo», no existe. Fotografía: Maria Gracia Ponce

Inestabilidad laboral en pandemia

Cuando empezó la cuarentena ocasionada por la pandemia del coronavirus, Betty Quesquén era trabajadora de limpieza en una clínica. Se encargaba de desinfectar los espacios contaminados por Covid-19, las salas de operación, los pasillos y las oficinas de los trabajadores.

El año pasado por la pandemia nos tenían de 7 de la noche a 7 de la mañana trabajando. Yo he trabajado en esta pandemia, a pesar de mis malestares y dolores. Tomaba mis calmantes y asistía anestesiada. Quería ese trabajo porque con eso yo mantengo y educo a mis hijas”, narra Betty al recordar su labor en la clínica y su despido inesperado.

Trabajadores de limpieza en clínica y hospitales constantemente expuestos a la COVID-19. Ilustración: Kipu Visual

Según la Organización Internacional del Trabajo, el 2020 en Perú la tasa de ocupación cayó 28 pp y la tasa de inactividad aumentó en 27 pp. Así mismo, la precariedad del trabajo se agravó por la crisis sanitaria, en julio del 2020 la tasa de empleo informal creció a 74,3%. La mayor informalidad se registró en mujeres y jóvenes (menores de  25 años de edad). 

La siguiente infografía contiene datos sobre la disminución de la población ocupada a nivel nacional, el aumento del empleo informal y la tasa de ocupación/desocupación en el 2020.

Al cumplir 5 años de trabajo en dicha institución, Betty esperaba con ansias la renovación de su contrato, pues debido al tiempo de labor le correspondía una contratación indefinida. Con ello, sus problemas económicos acabarían y su situación recobraría estabilidad. Sin embargo, esto nunca ocurrió. En medio de la pandemia, decidieron despedirla.

Betty pasó a ser parte de los 6 millones 720 mil personas que, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), quedaron desempleadas en el segundo trimestre del 2020.  Según el informe, el mercado laboral para las mujeres se redujo en 45,3% mientras que los hombres perdieron el 34,9%.

“Yo pienso que me sacaron por mi enfermedad. Hace años tuve un accidente y por eso siempre he tenido malestar. Ellos sabían que yo andaba delicada y también supieron de mi problema del seno. No creo que haya sido correcto que me sacaran por ese motivo. Me dolió mucho que me despidieran porque ahí tenía todos mis beneficios, lo importante para mí era el seguro de salud. Más ahorita que estoy en esta dura batalla del cáncer”, comenta Betty.

Según el Ministerio de Salud, en el Perú existe una incidencia anual de 28 casos de cáncer de mama por 100 mil habitantes. La tasa de mortalidad de este cáncer es de 9.2 casos por 100 mil personas.


Escucha a continuación la historia de Betty y su lucha por sobrevivir a la precarización laboral en versión podcast:


Precarización del trabajo

Sobrevivir para Betty no es una opción. Es madre soltera, al igual que más de medio millón de madres en el Perú, según el reporte del Instituto Nacional de Estadística e Informática elaborado el año 2019. También forma parte de otra estadística no tan conocida, la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT) determinó que las mujeres participan más que los hombres en las actividades no remuneradas, como las actividades domésticas y el cuidado de niños, ancianos o enfermos. Por semana, ellas invierten 39 horas con 30 minutos en estas tareas; mientras ellos dedican 15 horas con 50 minutos en el mismo periodo. Betty es la fuerza laboral de su casa, pero también es la madre, amiga, cuidadora y guía de sus dos hijas.

La pandemia redujo el mercado laboral pero tras meses de una constante búsqueda de empleo, Betty empezó a laborar en el área de limpieza de una empresa bajo la modalidad de contratación por locación de servicios. “En ese trabajo mi contrato era solamente por dos meses y 20 días. Me dijeron que era porque no querían dar estabilidad. No nos daban ningún beneficio”, comenta Betty.

Según la abogada Carolina Castillo, asociada y miembro del Consejo Directivo de la Sociedad Peruana del Derecho del Trabajo y Seguridad Social, en la práctica este tipo de contratos de locación, a veces se usa de manera incorrecta y en beneficio del empleador.

“El empleador no quiere ingresar a gente a planilla porque le supone una carga laboral: pago del seguro, pago de beneficios social, CTS, vacaciones, gratificaciones, horas extras, asignación familiar, utilidades, etc.”

La Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO) del 2017, determinó que en Perú el 7,1% de la población ocupada, es decir, 303 mil 400 peruanos tienen un contrato por locación de servicios. Oliver Ancajima, fue uno de ellos. “Nos contrataban por uno, dos o tres meses y nos mandaban a descansar. Después regresábamos y lo mismo otra vez. No teníamos nada de beneficios, nada gratificaciones, nada de CTS, nada de utilidades. Así estuve por un plazo de 2 años y medio”

Con respecto a esta situación, la abogada laboralista Carla Cáceres considera que este tipo de contratos están mal empleados por las empresas. 

“Contratan a personas que realizan labores permanentes. La limpieza es considerada prácticamente como una labor permanente porque todos los días se realiza. Teniendo en cuenta la característica de esa labor debería de haberse realizado un contrato de carácter permanente no una locación de servicios”. Sin embargo, se utiliza esta modalidad para evitar el pago de beneficios ya que “no hay mayor costo ni bien que cubrir por parte del empleador”.

Oliver considera su experiencia como trabajador de limpieza bajo la modalidad de contrato por locación de servicios como “un abuso muy grande”. A esto añade que este tipo de empresa «se aprovecha» de la necesidad de la gente, ya que muchas personas están en busca de trabajo fijo y más aún en pandemia.

Según la Autoridad Nacional del Servicio Civil (Servir), se considera que una persona está en situación de informalidad laboral cuando realiza trabajos de manera subordinada y no está registrada en planilla ni tiene acceso a beneficios laborales. En el sector público, los servidores en condición de informalidad laboral suelen estar contratados indebidamente bajo la modalidad de locación de servicios.

En el 2017, según Servir, el sector privado presentó 55% de informalidad y el sector público un 11%. Según el informe «El reto de la formalidad en el sector público peruano» , 150 mil de las 170 mil personas contratadas por locación de servicios en el sector público se encuentran en informalidad: sin ningún beneficio. 

La siguiente infografía contiene el porcentaje de informalidad en el sector público bajo la modalidad de contratación de servicios. Así mismo, presenta los porcentajes de informalidad en los sectores público y privado. 

Para Betty, otra de las desventajas de trabajar bajo un contrato de locación de servicios es no aportar a un sistema de pensión. Según el reporte del 2017 del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), el 64,6%, es decir, más de 10 millones de la población ocupada, no aportan a ningún sistema de pensión. En este sentido, el Instituto Peruano de Economía, explica que un sistema de pensiones sirve para que las personas puedan contar con cierta cantidad de dinero al momento de su jubilación. EL panorama actual no es distinto.

«Hoy, en el Perú no hay un criterio claro sobre cómo hacer que las personas que trabajan en nuestro contexto altamente informal puedan aportar (a un sistema de pensiones). La informalidad nos limita. Tenemos a un 60% de la población mayor de 65 años que no tiene nada para jubilarse”, explica David Tuesta, director de PinBox Solutions para Latinoamérica, asesor de la Asociación de AFP y exministro de Economía y Finanzas. 

Pertenecer a una contratación por locación de servicios malempleada o ser trabajador informal tiene como consecuencia estar desprotegido en diferentes aspectos. La abogada Carolina Castillo explica que si te encuentras en informalidad bajo un contrato de locación de servicios, es necesario recurrir al principio de primacía de la realidad.

«Este (principio de primacía de la realidad) lo aplican autoridades como SUNAFIL y el Poder Judicial. Si el trabajador logra dar al menos indicios de que existe un contrato laboral, entonces se considera que sí existió relación laboral y por ello se va a ordenar la inclusión en planilla y el pago de beneficios sociales».  

Recuperación lenta

A finales del 2020, según el Instituto Peruano de Economía, en el ámbito nacional hubo una recuperación de 22,5% en la tasa de población ocupada en comparación con el trimestre previo (-39,6%). No obstante está mejora sigue estando lejos del escenario prepandemia. En comparación a similar trimestre en 2019, esta cifra equivale a una pérdida de casi tres millones de empleos.

Este año el escenario es similar. En Lima Metropolitana,  según el Instituto Nacional de Estadística e Informática, en el trimestre marzo-abril- mayo 2021, la población económicamente activa femenina se incrementó en 72,9% y la masculina en 69,1%. Esto equivale en cifras absolutas a 1 millón 119 mil 400 hombres y 958 mil 200 mujeres. A pesar del aumento en este año, en comparación al 2019, la PEA ha disminuido en 2,2% entre los hombres y en 6,0% en las mujeres.

La pandemia ha profundizado estas brechas y ha agudizado una precarización laboral ya existente en el país. Según el INEI, en Lima Metropolitana durante el trimestre móvil febrero-marzo-abril de 2021, la masa salarial- el total de remuneraciones acumuladas de trabajadores dependientes e independientes -registró una variación positiva de 1,4% al comparado con similar trimestre móvil del año 2020. Sin embargo, con relación a igual trimestre del año 2019, disminuyó en 25,9%.

Así mismo, en comparación con años anteriores y debido a la crisis sanitaria, la informalidad ha ido en aumento. Según el informe técnico del INEI,  en el año móvil abril 2020-marzo del 2021, la tasa de informalidad en el área urbana fue de 70, 9%, es decir, incremento 4.6% en comparación al periodo anterior. Por otro lado, el área rural alcanzó una taza de informalidad de 96,3%. 

Para el Instituto Peruano de Economía, en el tercer trimestre del 2020, la economía peruana ­mostró signos de recuperación. En octubre del año pasado, el PBI apenas ­cayó en 3, 8% y se espera que la economía alcance los niveles prepandemia en el primer trimestre del 2022. Sin ­ embargo, a pesar de las mejoras, el empleo continúa golpeado.

La precarización del trabajo sigue siendo un problema grave en el Perú. La informalidad puede presentarse detrás de un contrato, a través de la ausencia de beneficios sociales o el no reconocimiento de horas extras.  A pesar del progreso económico en los últimos años y la lenta recuperación, gran parte de los trabajadores están desprotegidos. 

Cuando Betty habla de su futuro, trata de ser fuerte. En las próximas semanas, ella tendrá que mudarse de la casa que alquila y emprender la búsqueda de un nuevo hogar. A veces piensa en la suerte de muchas personas que cuentan con un trabajo fijo, un seguro de vida y un sueldo estable, pero no tiene tiempo para sueños. Betty es consciente de su situación, pero su optimismo es más fuerte y está segura de que este es un reto más que superar

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