Por T. N. Ezerskii y José Ipanaqué

En abril del 2021, Anayeli Correa (21) perdió el sentido del olfato. La estudiante de medicina sabía que esta sensación, llamada anosmia, era una de las secuelas de Covid-19 más comunes. Por el resto de sus síntomas, detectó que tenía un caso leve de la enfermedad y decidió manejarla sola mediante el aislamiento en casa. Sin embargo, desconocía hasta qué punto el virus cambiaría su calidad de vida.

Anayeli sufre de parosmia, una secuela de covid-19 que no le permite disfrutar de la comida.
Foto: Anayeli Correa

Después de recuperarse, mientras su sentido del olfato volvía paulatinamente, los aromas y sabores que antes le resultaban agradables se convirtieron en fétidos. Hasta el día de hoy no puede compartir las comidas que antes disfrutaba con su familia: los ingredientes principales de la cocina peruana, como el ajo, la cebolla, el culantro e incluso el arroz, son insoportables para ella. Por una semana entera, no comió nada excepto pan y papas hervidas, los únicos sabores que podía tolerar. Anayeli desarrolló parosmia, un trastorno del olfato que era poco investigado hasta que se volvió una secuela común de la Covid-19

“No puedo describirlo, la verdad. Al inicio yo lo describía como un sabor a rancio. Mis galletas favoritas las comía y me sabían malogradas, como vencidas. Pero hay olores y sabores que en verdad no puedo describirte porque no, no… nunca en mi vida he olido algo así”.

– Anayeli Correa, estudiante de medicina

La distorsión olfativa es solo un síntoma de los muchos que pueden perdurar tras un cuadro de coronavirus. De hecho, después del alta médica, un gran número de afectados por la Covid-19 manifiestan la persistencia de diversas secuelas de esta enfermedad o, incluso, la aparición de dolencias nuevas y disruptivas que afectan su entorno familiar, laboral y académico. 

El médico infectólogo César Guerrero señala que las secuelas más frecuentes son la disminución de la percepción de los sabores y olores, la tos persistente, la falta de aire, el cansancio al caminar, dolores articulares y problemas cardiovasculares. A nivel neurológico, las manifestaciones más comunes son la pérdida de la memoria, falta de sueño y parestesias, que son una especie de hormigueo de las extremidades. Otros síntomas son la caída del pelo, pérdida de peso y erupciones en la piel, entre muchos otros. 

Como las investigaciones acerca de este fenómeno son nuevas, las estadísticas varían entre ellas, pero un metaestudio estima que entre el 10% y el 80% de pacientes desarrollan una secuela. En el caso de agravarse los síntomas, pueden ocasionar ausentismo laboral, un bajo rendimiento académico en estudiantes y síntomas psicológicos como depresión y ansiedad.

Cuando el Covid nunca se va 

Aún se conoce relativamente poco sobre las consecuencias a largo plazo del coronavirus, pero dentro de esa categoría existe una condición que tiene mucha menos atención. Se trata del Covid persistente – síntomas del coronavirus que duran más de lo habitual – y las complicaciones que acarrea para quienes lo padecen.

Carla Hesse (55) contrajo Covid-19 en la primera ola, en medio del colapso de los hospitales y la crisis del oxígeno. Fue hospitalizada y, tras ser dada de alta, se dio cuenta que los síntomas no desaparecían: al contrario, la atormentaban día tras día.

Tras contraer Covid-19 en la primera ola, Carla Hesse sufre de covid persistente: los síntomas de la enfermedad no abandonan su cuerpo. Foto: Carla Hesse

“(…) Cada día hay un síntoma que nuevamente se repite en mi cuerpo: una cefalea, un dolor de garganta, una faringitis, una falta de aire, hipoxia, fatiga, pérdida del gusto, dolores musculares, articulares… Cada día se presenta algo nuevo. Desde que contraje el covid, cada día tengo un dolor nuevo. Todo esto ha afectado mi vida normalmente porque el covid marcó un antes y un después en mí”.

– Carla Hesse, ama de casa

Según la jefa del servicio de Medicina Física y Rehabilitación del hospital Santa Rosa, Karen Nuñez Flores, el long covid, síndrome post-Covid o Covid persistente son un conjunto de síntomas de la enfermedad que continúan por tiempo indefinido a pesar de que el paciente ha superado la infección aguda. Un estudio realizado  por la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia registró un total de 200 síntomas persistentes distintos.

“Son síntomas persistentes como debilidad, molestias respiratorias, cansancio y agitación”. Estos síntomas se logran superar con el tratamiento de especialistas adecuados y, sobre todo,  con un proceso rehabilitador físico y respiratorio. Sin embargo, son pocos los pacientes  que la realizan y continúan el tratamiento adecuado por miedo al contagio de nuevas variantes del virus y al estar en contacto con pacientes que sufrieron esta enfermedad”.

Karen Núñez, doctora de Medicina Física y Rehabilitación

El principal problema de los afectados es la falta de comprensión por parte del personal médico, ya que el descubrimiento de esta problemática es muy reciente y carece de investigación científica conclusiva acerca de la verdadera naturaleza del síndrome post-Covid. “Como todo esto es nuevo, me parece que los médicos no dan mucha información y no son muy acertados al respecto”, afirma Carla Hesse. 

Fuente: Encuesta Covid persistente de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG)
Infografía: José Ipanaqué

Lesiones mentales 

Las secuelas más visibilizadas actualmente son las físicas, pero las consecuencias mentales del Covid-19 pueden ser igual de debilitantes. Jorge Alburqueque (24) era un joven sociable y jovial que contrajo el virus en una reunión con amigos, a la que acudió porque se sentía harto del encierro. Sus síntomas físicos fueron leves, pero los mentales fueron devastadores. El detonante de su trastorno de ansiedad fue enterarse que contagió a sus familiares más cercanos. 

Jorge Alburqueque desarrolló un trastorno de ansiedad después de contraer Covid-19 en una reunión e infectar a su familia. Foto: Instagram

“La chispa que encendió todo eso fue el hecho de enterarme al día siguiente que mi mamá se sentía mal, luego a los dos días que mi hermano se sentía mal, y al tercer día que mi otro hermano ya perdió el olfato y el gusto. En mi trabajo hay un chat donde recibo todos los días noticias de compañeros que se enferman, compañeros que mueren, más las noticias, gente que no paraba de morir en ese entonces, (…) todas las publicaciones de Whatsapp, ¿Quién me presta una cama UCI?, ¿Quién me da un balón de oxígeno?… y pum, explotó dentro de mi cabeza todo eso, y yo ya me sentía para el otro lado”.

Jorge Alburqueque, asistente de servicios

El pánico constante en el cerebro de Jorge, que él describe como “cantidades increíbles de adrenalina”, no le permitía trabajar, dormir ni disfrutar de las actividades que antes le gustaban. “Aun así estuviera sentado por 10 minutos, tenía que salir al pasillo corriendo a respirar, llamar a mi madre para que me hable, porque sentía que me estaba muriendo”, relata. 

La ansiedad y el insomnio de Jorge son parte del abanico de trastornos mentales que la pandemia ha acrecentado dramáticamente. El psiquiatra piurano Eduardo Granda relata: “Todos los días (…) atiendo pacientes que tienen alguna de estas características: o han sido familiares de pacientes con Covid, o han tenido Covid.”  

“En Europa los trastornos de ansiedad se han cuadriplicado. En el Perú estamos casi igual. Si en el Perú el sistema de salud en general estaba venido a menos, la salud mental mucho menos. Si el sistema de salud colapsó durante la pandemia, el sistema de salud mental colapsó aún más”. 

Eduardo Granda, psiquiatra del CSMC Chulucanas

Los síntomas más comunes parten desde la ansiedad, la apatía y los desórdenes de sueño hasta la depresión y el trastorno obsesivo-compulsivo. “En pacientes que han estado sometidos a procedimientos invasivos como intubaciones o ingreso a una sala de cuidados intensivos, se están produciendo ya trastornos de estrés postraumático”, asegura el especialista.

El médico afirma que estos síntomas no solo se pueden asociar al efecto directo de la enfermedad, sino también, como en el caso de Jorge, a todos los factores sociales y ambientales relacionados a la pandemia como la enfermedad de familiares, la pérdida de trabajo, la sobrecarga de noticias, el aislamiento o la incertidumbre.

Las posibles secuelas de la covid-19 en la salud mental. Fuente: EsSalud.
Infografía: José Ipanaqué

Camino a la mejoría

Aunque los estudios sobre las secuelas a largo plazo del coronavirus recién están iniciando, los pacientes buscan recuperar su salud mediante la rehabilitación física, mental y cognitiva, con la esperanza de volver a la normalidad. Frente a esta necesidad, el hospital Santa Rosa de Piura inauguró un programa de rehabilitación para pacientes post-covid. Este programa, a cargo de la doctora Karen Nuñez Flores, se aperturó en febrero de este año y ofrece terapia física y respiratoria a los afectados. 

El programa de rehabilitación del hospital Santa Rosa ayuda a los pacientes post-covid a sentirse mejor.
Foto: Hospital Santa Rosa

El proceso de rehabilitación física suele ser lento y su grado de éxito depende de la gravedad de la enfermedad: si el paciente estuvo en estado crítico, la recuperación tomará más tiempo y esfuerzo. Según la especialista de Medicina Física y Rehabilitación, los resultados dependen de la constancia de los pacientes y la continuación del tratamiento con el médico neumólogo, internista e infectólogo.

Objetivos de la terapia respiratoria post-covid que se hace en el Hospital Santa Rosa.
Infografía: José Ipanaqué

Uno de los obstáculos más importantes para el acceso a la rehabilitación física son las barreras burocráticas en el sistema de salud. En el caso de Anayeli, su parosmia puede ser tratada con una terapia de rehabilitación, que consiste en la exposición repetida a diferentes aromas y sabores con el fin de entrenar el cerebro a identificarlos correctamente. Sin embargo, problemas con su seguro médico le impiden acceder a esta oportunidad de sanar.

Otro impedimento es la falta de difusión de las iniciativas de rehabilitación entre la población: 

“Lo que falta más en Piura es la difusión de lo que es este nuevo término (long covid). (…)  Pocos conocen que el hospital Santa  Rosa tiene un equipo de rehabilitación. No tenemos el material completo porque cuesta tenerlo, estamos poco a poco implementándolo”.

Karen Núñez Flores, doctora de Medicina Física y Rehabilitación

A su vez, el doctor Jesús Juárez, especialista en medicina integral y gestión de salud, observa que una vez dados de alta los pacientes se alejan del sistema médico. Tras presentar síntomas post-covid, ellos no reciben un diagnóstico y tratamiento adecuado por falta de información de los doctores.  “(Se necesita) una evaluación post covid de estos pacientes de forma tal que se puedan identificar, porque el problema acá es que ni siquiera los identificamos”, advierte el médico. “Los pacientes están dolientes en sus casas, pero no saben ni por qué. De pronto acuden a un médico y este simplemente no toma en consideración el tema”.

La mente también puede sanar

Debido a sus constantes crisis, Jorge buscó ayuda psiquiátrica con un médico privado y recibió un diagnóstico de ansiedad y fatiga crónica, acompañado de una prescripción de antidepresivos y pastillas para dormir. Además, el joven se vio obligado a implementar cambios drásticos a su estilo de vida para manejar sus síntomas, como eliminar los excesos y alejarse de todos los noticieros para no alimentar su miedo.

“Me dicen que consuma menos alcohol, que deje el tabaco y esas cosas. (…) He tenido que acomodarme a un nuevo estilo de vida: 0 televisión, a cierta hora del día yo tengo que dejar todo objeto electrónico y meterme a la cama, ya no puedo estar en el teléfono en mi cuarto. Además aprendí a meditar, y lo hago usualmente antes de ir a dormir como una especie de ritual.”

Jorge Alburqueque, asistente de servicios

Para aquellos pacientes que dependen del sistema de salud pública, la realidad es diferente. El médico César Guerrero manifiesta la existencia de Centros de Salud Mental Comunitarios (CSMC) a nivel nacional, que cuentan con especialistas en psicología y psiquiatría, pero estos no cubren la gran demanda que el Covid-19 ha generado.

Desde el inicio de la pandemia, el Dr. Granda trabaja en el Centro de Salud Mental Comunitario de Chulucanas, uno de los 13 CSMC de la región Piura. A nivel nacional, el Ministerio de Salud ha implementado 203 de estos centros, los cuales han atendido 156 mil casos de ansiedad y 77 mil casos de depresión entre enero y mayo de este año. Pero, con el aumento dramático de casos de ansiedad y depresión, esto no es suficiente. 

“Se han venido haciendo esfuerzos en salud física y mental como los CSMC, que están respondiendo a las expectativas, pero no es suficiente. Esto va a continuar, algunos problemas mentales van a persistir, incluidas las repercusiones del covid persistente como depresión, ansiedad y estrés postraumático, para los que no hay luces de estar preparados”.

Eduardo Granda, psiquiatra del CSMC Chulucanas

¿Qué hacer si sufres de secuelas?

A pesar de que las secuelas físicas y mentales del Covid-19 sean un mal relativamente nuevo y recién se hayan iniciado estudios para combatirlo, los profesionales entrevistados coinciden en varias recomendaciones que pueden aliviar sus principales manifestaciones. En primer lugar, el paciente debe realizar controles médicos hasta 6 meses después del alta médica o el fin de la enfermedad, y no esperar que los síntomas empeoren. Con respecto a la frecuencia de los controles, el doctor Jesús Juárez indicó: «(…) Las primeras semanas se debe hacer seguimiento de acuerdo a las indicaciones del médico. Generalmente es un control a los tres meses y un control a los 6 meses, y dependiendo de la gravedad, de pronto requiera controles más seguido». Asimismo, es vital realizar rehabilitación física y mental en centros habilitados para hacerlo. Por último, la terapia psicológica y psiquiátrica es la mejor opción para encontrar maneras de lidiar con las consecuencias mentales de esta enfermedad.