“Al inicio tenía mucho miedo, porque no sabía qué iba a pasar. Era como una ansiedad, simplemente por no tener nada concreto, qué iba a pasar con el trabajo, la U, si iba a haber alguna cura”. Luis Mariño Ramírez, 22 años, piurano varado en Lima

En la madrugada del 6 de marzo del 2020, se determinó como positivo el primer caso para Covid-19 en el Perú, y el día 16 del mismo mes, el presidente Martín Vizcarra declaró en estado de emergencia al país, dando inicio al período de cuarentena. Durante ese tiempo, su gestión fue elogiada por medios y autoridades de otros países, y la tranquilidad estaba lejos de perderse entre los peruanos. Cada quien esperaba a su manera, que se terminaran las dos semanas de confinamiento, pero a medida que las cifras de contagio aumentaban, las semanas encerrados se incrementaban, junto con las medidas de prevención y con ellas, la incertidumbre y la ansiedad de las personas.

“Al inicio tenía mucho miedo, porque no sabía qué iba a pasar. Era como una ansiedad, simplemente por no tener nada concreto, qué iba a pasar con el trabajo, la U, si iba a haber alguna cura”.

Luis Mariño Ramírez, 22 años, piurano varado en Lima

«He sentido angustia, ansiedad, hasta se me quitó el apetito y dejé de comer».

Clever José Castillo Ordoñez, Edad: 64 años, Profesión: Comerciante

«Yo no he salido mucho, pero las veces que lo he hecho (que ha sido más o menos una vez al mes) han sido muy muy feas por el tema de la ansiedad y el estrés porque sales a la calle con el miedo a contagiarte. Y eso a mí los primeros días de la cuarentena me estresó mucho. Yo no salía, yo estaba acostumbrada a no salir y mi cuerpo se empezó a enfermar. Mi cuerpo comenzó a ponerse muy tenso, empecé a sentir dolores típicos de la ansiedad y fue muy feo»

Malú Ramahí Sanchez Burneo, estudiante piurana 23 años

“Me ha costado aceptar los cambios, me parecía como estas cosas que uno ve en televisión, pero realmente no te afectan, porque realmente no le afectó a mi círculo más cercano, entonces cuando me tocaba salir, debía enfrentarme con la realidad.”

Liz Tasa Palomino, 31 años, fotógrafa residente en Lima

La corrupción se alimenta del miedo

De por sí, el miedo ha estado presente desde siempre en la sociedad, pero nunca como en estos últimos meses, ya que la sobreinformación sobre la pandemia aumenta la ansiedad. Por otra parte, hubo un tiempo en el que podíamos refugiarnos en la seguridad de tener un presidente que se haga cargo de los problemas del país, pero los continuos escándalos de corrupción de los líderes políticos han mandado por la borda cualquier posibilidad de confianza en el presente. Ahora, en pleno período de crisis sanitaria se han registrado 653 casos de corrupción en diversas instituciones del país; como la sobrevaloración de la compra de canastas, balones de oxígeno, respiradores y ambulancias.

¿Cómo se puede confiar entonces en instituciones que, ni en pandemia, dejan de poner sus intereses por encima de las necesidades urgentes del país? Los peruanos, más que al propio virus, temen terminar en un hospital donde no se les atenderá debidamente y se les dejará morir por falta de recursos, negligencia o simple favoritismo.

«Aterra pensar que te puedes enfermar y que los centros de salud no te den ninguna garantía.»

Julia Alvia Medina, Contadora,49 años

«Me da miedo enfermarme porque eso implicaría ir al hospital donde hay casos de COVID-19 y aunque yo no lo tenga, al ir a tratarme por cualquier otro motivo puedo contraer el virus.»

Clever

Ante ello, lo único lógico parece ser aferrarse a las medidas de prevención que dictan los especialistas de la salud o refugiarse en las propias creencias.  “Siguiendo los protocolos de seguridad y desinfección, como respetando la distancia, usando mascarilla, llevando siempre el alcohol, desinfectando inclusive la entrada en la casa, los pies, la ropa y todo el protocolo de aseo personal” (Milagros del Pilar Morcillo Alburqueque , 53 años , Ama de casa),  “realizando los remedios caseros como inhalaciones, bebidas etc.” (Julia), o, por supuesto “con bastante oración” (Silvia Estrada Zapata, 55 años, Docente).

Al parecer son las creencias de cada uno, la única guía para tener plena seguridad, pues, desde el comienzo de la pandemia surgieron contradicciones entre los especialistas de la salud y, hasta la propia OMS. Nos dijeron que no debíamos usar mascarillas, luego que sí, que los asintomáticos no contagiaban, después que sí, nos recomendaban usar hidroxicloroquina para evitr el contagio, ahora que no.  Es complicado pedirle a la gente no sentir temor si aquellos que se supone deben saber qué hacer, dicen una y otra cosa. La gente extraña “tener la seguridad de algo(Julia)

Miedo a no sobrevivir

Pero hay realidades más crudas. Para otros tantos,  el miedo no solo nace por la posibilidad de contagio, sino que radica principalmente en la posible pérdida del sustento de su día a día.  Según un estudio realizado por la Asociación “Escucha al Perú”, con la agencia Pacific Edelman Affiliate, el 75% de los peruanos del sector socio económico E perdieron su trabajo a consecuencia de la crisis causada por el coronavirus, el 60% de las personas que trabajaban como independientes perdieron su empleo o la posibilidad de realizar sus actividades y los sectores D y E, afirman haber perdido entre el 76% y el 100% de sus ingresos mensuales. 

Si para las grandes empresas la llegada del coronavirus significó grandes pérdidas en sus ganancias, la situación que han venido viviendo los comerciantes, dueños de restaurantes, taxistas y otros miles de trabajadores independientes de los sectores C,D,E es aún peor. Con la pandemia, nació en estas personas un gran temor por perder aquello que les asegura la satisfacción de sus necesidades básicas, como el alimento y el costo del techo donde viven. Sin embargo, la lucha por la supervivencia es más fuerte y el miedo mismo conlleva a descubrir distintas formas de lidiar contra esta problemática.

«Mi miedo fue que el dinero no me alcance para hacer los  pagos o que no me alcance  para comer. Tenía miedo de no saber cómo sobrevivir para pagar los servicios que consumimos aquí en la casa. Todas esas cosas me han afectado bastante porque me perturbaba el pensamiento de que hace unos meses tenía esa tranquilidad en todo lo económico y ahora ya no»

Daniela Maza Medina (57) es dueña de una reconocida avícola en el mercado de Castilla, junto a su hermana, salía todos los días a vender pollos y otros productos de abarrotes. Sin embargo, cuando llegó la cuarentena tuvo muchas bajas en las ventas y, lo peor, es que contrajo el coronavirus. Ella ha venido afrontando la situación vendiendo una pequeña parte de su mercancía en casa. Ahora trata de sobrevivir con eso.

«El miedo fue no poder encontrar un nuevo modelo de negocio, ya que al llegar la cuarentena hizo que se caiga la idea que ya teníamos pensada, estuvimos en el limbo un mes, pensando en qué hacer y cómo comenzar otra vez. Mi miedo era no poder encontrar un horizonte en un primer momento. Todo nos sorprendió.»

Felipe Maza Medina (42) tiene dos emprendimientos llamados 5scopes y Mazmedia, uno dedicado al turismo y otro al servicio web, respectivamente. Últimamente estuvo trabajando en 5scopes, pero el  turismo fue uno de los sectores más golpeados en el contexto de la pandemia, por lo que sus clientes potenciales terminaron desapareciendo. Afortunadamente pudo salir adelante encontrando nuevas formas de negocio para 5scopes y ayudándose de la oportunidad de negocio que había nacido para Mazmedia.
Daniela y Felipe Maza Medina.

Miedo a no saber de los nuestros

La preocupación por el bienestar de los familiares y amigos es siempre mayor que por el de nosotros mismos, y más aún, cuando estos están lejos. Por ello, existe otra angustia que nos invade. Aquella que nos tiene pensando en el día en el que volvamos a ver a un ser querido,  la misma que ha logrado que muchos padres de familia, eternos opositores del uso del celular en el almuerzo, sean los primeros en comunicarse por esta vía obligados por las normas de distancia social. Se extrañan las reuniones con los más cercanos al punto, que incluso muchos abuelos, sin tener ni idea del uso de la tecnología, han aprendido a hacer videollamadas. Aunque, por más extraordinarias que sean las posibilidades de la virtualidad, aún no logra compensar el vínculo de la presencia humana.

“Extraño muchas cosas, como compartir y abrazar a mis seres queridos, mi mamá, mis hijos, mis hermanos, mi nieta que no la podía ver recién al mes la pude ver y sentía angustia solo por videollamada porque no era igual.  Salir a conversar con mis amigas, celebrar los cumpleaños que era lo que siempre hacíamos, varias amigas que han cumplido años ya antes salíamos a celebrarlos comiendo un ceviche y ahora solo por llamadas telefónicas y se extraña porque la casa y el encierro también nos pone tensos. Aún se extraña porque aún no podemos salir, no podemos abusar tanto de salir a la calle por el temor a contagiarnos.

Milagros del Pilar

Según declaró a la BBC Robin Dunbar, profesor de Psicología Evolutiva de la Universidad de Oxford, en Reino Unido el contacto es algo «verdaderamente fundamental» para los humanos; vivir sin él debilita nuestras relaciones más cercanas.  «El tipo de contacto más íntimo –el brazo alrededor del hombro, una palmada en el brazo y este tipo de cosas reservadas para amistades más cercanas y miembros de la familia– es realmente importante», aseguró el científico. “Nos hace sentir más felices y satisfechos”

Por ello, resulta totalmente comprensible que una de las cosas que más añoren las personas sea mirar, tocar y sentir a sus más allegados.

«Extraño mucho a mis amigos, a mi familia. Extraño hacer las cosas super sencillas que antespodíamos hacer como salir a caminar, a conversar, ir al centro comercial a ver ropa. Cosas encillas que ahora no podemos

Luis

«Ir a almorzar a los restaurantes que atendían por acá cerca. Ir con mis amigos al parque del otro lado (la plaza de Huaquillas) y sentarnos a tomar aire y conversar»

Clever

 Aún así, es posible reemplazar los beneficios del contacto físico en la distancia, «Reírnos, hacer reír a los demás y cantar son formas muy buenas para poner en movimiento al sistema de endorfinas», aseguró el científico.  

La pandemia atraviesa ya el quinto mes en nuestro país y, aunque, ya no estemos en cuarentena, el estado de emergencia continua. Aún no se sabe hasta cuándo, tampoco si mañana será uno de esos días en los que los casos disminuyen o vuelven a subir. De lo que sí existe certeza es que el miedo no se va tan fácil, durará mientras hayan contagios por la COVID-19, y después, con los efectos provocados por la distancia.