La controversial designación del congresista Guido Bellido como cabeza del primer gabinete del presidente Castillo y la escasa presencia de mujeres al mando de las carteras de Estado puso sobre la mesa una vez más el tema de la paridad de género en la política peruana. El gabinete Bellido fue el menos paritario de los últimos 20 años con solo dos mujeres en el Ministerio de la Mujer y Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social. Alcanzar la equidad de género en los puestos de poder no es una tarea fácil para ningún gobierno; no solo por las estructuras sociales, sino también por la falta de políticas públicas que garanticen el acceso de las mujeres a cargos de representación , así como espacios de educación para la preparación del ejercicio.

¿Cómo está Perú en temas de paridad de género?

Históricamente la mujer peruana ha estado relegada de los cargos de poder. No fue hasta 1955 que accedió al voto y al año siguiente ocupó 1 curul de 53 en el senado y 8 de 182 en la cámara de diputados. Incluso el congreso constituyente democrático que dio como resultado la  vigente Constitución tuvo a 7 mujeres de los 80 representantes.

En la actualidad, las mujeres ocupan menos del 43% de los cargos de poder en el Perú. Un recuento por los principales organismos gubernamentales de los tres poderes del estado: ejecutivo, legislativo y judicial deja una representación femenina por debajo del 50%, tal como se aprecia en la siguiente infografía.

Saltan a la vista organismos donde la presencia femenina es nula como los gobiernos regionales y las vocerías de las actuales bancadas del congreso, o escasa como en las alcaldías distritales y provinciales. 

Pero no todo es bajas cifras, se han realizado importantes avances. Por ejemplo, hoy en día tenemos mujeres liderando órganos públicos como el actual Consejo de Ministros, el Tribunal Constitucional, el Poder Judicial, el Instituto Nacional Penitenciario (INPE). Hay que sumar también la ley de paridad y alternancia que se aplicó por primera vez en las últimas elecciones. Controversial desde su propuesta; la ley obliga a que los partidos políticos conformen sus listas con 50% hombres y 50% mujeres, y que se presenten en el orden de: hombre-mujer-hombre-mujer o viceversa. Los primeros hallazgos de su implementación: el más alto número de congresistas mujeres hasta el momento. 

Perú ocupa el puesto 22 del ranking mundial Women in Politics 2021 elaborado por ONU Mujeres y la Unión Interparlamentaria (UIP). A pesar de que el país se posiciona dentro del tercio superior de los 200 países estudiados, su ubicación representa un retroceso  con respecto al año anterior donde se ubicó en el puesto 6, por encima de países como Suecia, Francia o Canadá.

Este ranking, publicado a principios del 2021, no contempla el gabinete Violeta Bermúdez, conformado por 7 mujeres, entre ellas Nuria Sparch; la primera Ministra de Defensa en la historia del Perú y la segunda de América Latina (la primera fue la chilena Michelle Bachelet), ni tampoco el gabinete Guido Bellido con solo dos, lo que lo convierte en el gabinete menos paritario de los últimos 20 años. El último fue el liderado por Luis Dañino durante el gobierno de Alejandro Toledo, que tuvo solo una mujer en la cartera del Ministerio de la Mujer. 

La primera vez que se alcanzó la paridad en la conformación de un gabinete ministerial fue en julio del 2013, en el gobierno de Ollanta Humala: 9 hombres y 9 mujeres-gabinete Juan Jiménez Mayor. Este suceso se repitió en el año 2019 durante el breve premiarato de Salvador del Solar. 

En la siguiente animación se puede observar data oficial sobre la cantidad de mujeres que están frente a un cargo público.

https://view.genial.ly/61727e54d4be160deac3c512/video-presentation-paridad-y-alternancia

La razón de tener gabinetes tan cambiantes con respecto al número de mujeres es que los ministerios son cargos a los que se accede por votos de confianza, es decir, depende de la voluntad política del gobernante, tal como señala ONU Mujeres y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) en su Consulta Regional de América Latina y el Caribe. Ante la falta de políticas públicas que aseguren la igualdad de oportunidades de las mujeres para acceder a cargos de confianza, situaciones como las descritas seguirán pasando. 

Para Ana Neyra, abogada y ex ministra de justicia, no es que a las mujeres peruanas no les interese la política, el 48% de los militantes de los partidos políticos son mujeres. Lo que sucede es que alrededor de las mujeres existen prejuicios y estereotipos que les impide ser tomadas en cuenta para cargos de poder: “Se atribuye a las mujeres las tareas de cuidado o asistenciales y a los hombres las de dirección, decisión o liderazgo”.

Ser mujer peruana en un cargo de poder

María Antonieta Alva-Exministra de Economía / Foto: Bloomberg

A finales del año 2019 la designación de una joven mujer en la cartera de economía sorprendió al ámbito político. Era María Antonieta Alva, economista de profesión con un máster en Administración Pública por la Escuela Harvard Kennedy. Sin embargo y a pesar de sus 10 años de experiencia en la gestión pública, se había desempeñado como jefa de la oficina de planeación y presupuesto del MINEDU  y directora general de presupuesto público del MEF, ciertos sectores de la prensa y el ámbito político miraron con escepticismo su designación. 

Yo fui ministra a los 34 años, a la misma edad que Fernando Zavala, años antes, había sido ministro, pero a él nunca nadie lo cuestionó” 

No era la primera vez que su designación en un cargo público era vista con recelo. En 2017, cuando su jefa decidió nombrarla directora general de presupuesto del MEF : 

“Creo que la apuesta no fue casualidad cuando se me nombró directora general de presupuesto, la viceministra de hacienda y la ministra eran mujeres. Esto claramente eran mujeres dándole la oportunidad  a otra mujer. Fue una decisión cuestionada”.

María Antonieta Alva dirigió la economía del país en uno de los momentos más difíciles que le ha tocado vivir: la pandemia por la Covid-19. Más de 180 mil casos confirmados, 20 mil fallecidos, 2.9 millones de empleos perdidos, caída de la economía de 30% (2do trimestre 2020). ¿Su respuesta? Un plan económico valorizado en 12 puntos del PBI interno del Perú; el más ambicioso de la región. Sus decisiones y medidas para contener la consecuencias de la pandemia en la economía nacional, como la asignación de bonos a la población o la creación de “Reactiva”; un programa de créditos baratos para la pequeña, mediana y gran empresa, le valieron una serie de calificativos que no cuestionaban necesariamente la idoneidad de las medidas sino que la atacaban por su condición de mujer.

“Creo que en general las mujeres debemos trabajar el doble que un hombre para explicar por qué estamos ahí, por qué se nos ha elegido, cuáles son nuestras capacidades”.

Para finales del 2020 y antes de dejar el cargo fue considerada la mujer más poderosa del Perú. Más tarde revelaría en entrevista brindada al diario El Comercio que cerrar la economía fue una de las decisiones más difíciles que ha tomado: “Cerrar la economía y volverla a abrir es algo que creo ningún economista vivo ha hecho, sujetos a la mirada de la Fiscalía”. 

De su paso por el MEF se lleva grandes aprendizajes. Reconoce que algunas cosas se pudieron hacer mejor: cerrar parcialmente la economía, llevar actas a la controversial reunión que tuvo junto a los laboratorios que le valió una investigación de la fiscalía, presentar el proyecto de ley para la devolución de aportes de la ONP, son algunos que identifica. Pero también se lleva anécdotas pintorescas: “Recuerdo que tuve que ir a cuatro medios, entre radio y TV, en un solo día. Cuando salí del último, me senté en el carro y recibí un mensaje: “ese saco no está bien”. ¡La crítica era a mi ropa! Yo me pregunto si los hombres tienen que pasar por eso”. No es un hecho aislado, la crítica a las mujeres por su aspecto o vestimenta es una constante en la política peruana. Recientemente la premier Mirtha Vázquez recibió comentarios de un periodista por su peinado.

En la actualidad, la exministra se encuentra trabajando en Pakistán como directora de proyectos de la ONG Acasus. Desde su cargo comenta que en más de una ocasión le ha tocado defender sus ideas en una mesa llena de hombres: “me ha pasado que estoy sentada con un grupo donde hay puros hombres. Sentarlos y decir por qué es importante, y demás». Esto tiene sentido, ya que de acuerdo a la ONU las mujeres se enfrentan al prejuicio extendido de que no son buenas para ejercer liderazgo político: el 43% de mujeres y el 53% de hombres cree que los hombres son mejores líderes políticos

Para María Antonieta Alva la designación de una mujer en un cargo de poder debe ser valorado desde el esfuerzo y los méritos que la persona ha realizado a lo largo de su carrera para acceder al cargo: 

Creo que debemos centrarnos más en los méritos que hacen las personas independientemente que si es hija de quién, esposa de alguien, etc. Siento que esta crítica se hace mucho a las mujeres; siempre será la hija de alguien o la esposa de alguien. Nunca nadie cuando designan un hombre se ponen a buscar quien es su esposa, sus padres, etc. Creo que es un problema muy sesgado hacía las mujeres”.

El tema de la paridad y la alternancia le genera sentimientos encontrados; sin embargo respalda la medida: “Ponerte las metas de participación hace que haya mayores esfuerzos. No queremos nunca dejar de lado la meritocracia. Creo que hay que tener un balance de las dos”

Sobre el liderazgo femenino en cargos públicos opina: “Definitivamente las mujeres traen a la mesa otro tipo de sensibilidad y quien mejor que las mujeres para trabajar en leyes que nos ayuden”; y concluye “Yo creo que el mundo sería mejor con más mujeres tomando decisiones”.

El liderazgo femenino y la pandemia

La canciller alemana, Angela Merkel, y la primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern / Foto: Reuters

Durante el primer periodo de la llegada de la Covid-19 dos países resaltaron por su gran capacidad para controlar y salvaguardar a sus ciudadanos frente a este virus: Nueva Zelanda y Alemania. En ambos, la prensa internacional, otorgaba gran mérito al éxito que alcanzaron Jacinda Arden y Angela Merkel, las lideresas de estas naciones.

La canciller, Angela Merkel, ha sabido posicionar su nombre en base a logros. A pesar de ser física de profesión lleva más de 15 años en la política de su país, donde se le reconocen sus logros; su rápido accionar frente a la pandemia, que dio como resultado una tasa de mortalidad muy baja en Alemania; y la falta que hace una mujer como ella en el cargo.

Asimismo, la situación de la primera ministra Jacinda Arden y el país que representa, Nueva Zelanda, ha sido de los más mencionados por la estrategia que utilizó para frenar la propagación de la Covid-19; el primer caso se registró el 28 de febrero y solo seis personas se contagiaron en los siguientes meses. Desde su deber como primera ministra fue uno de los primeros países que acordó el confinamiento y prohibió la entrada de los extranjeros a su país.

Angela Merkel y Jacinda Arden forman parte del 7 % de mujeres a nivel mundial que lideran naciones, según la Unión Interparlamentaria (2019). Ambas han demostrado liderazgo sólido, mayor empatía, mejor capacidad comunicativa al momento de tomar medidas políticas que buscan el bienestar común.

Esto no es ejemplo de ningún activismo; al contrario, es la muestra que una mujer preparada en la política puede sacar adelante a su nación sin importar los recursos o el apoyo de alguna persona del sexo opuesto. Según Alberto Pedro López – Hermida asegura que las mujeres tienes algunos rasgos en su personalidad que las diferencias y motiva a ser más competitivas en algunos roles; sin embargo, señala que hay excepciones.

«Los hombres y mujeres tiene distintas competencias temáticas. Se dice que los hombres son más competentes en política exterior, diplomacia, defensa, economía; mientras que la mujer es más competente en la educación, salud, derecho civil, medio ambiente, entre otros. Este estereotipo también es atribuido en los rasgos de las personas; por ello, las mujeres suelen diferenciarse por su sensibilidad, compasión, honradez, expresividad, mayor confianza, etc. »

Retos a futuro

Históricamente las mujeres peruanas han sido relegadas del ámbito público y político. Tal como señala ONU mujeres:las barreras estructurales creadas por leyes e instituciones discriminatorias siguen limitando las opciones que tienen las mujeres para votar o presentarse a elecciones”. 

Perú ha dado pasos importantes para cerrar la brecha de género en la política. En la actualidad, las mujeres se encuentran liderando importantes instituciones del Estado como el Poder Judicial, el Tribunal Constitucional y hasta el reciente gabinete ministerial; incluso ya se encuentra en vigencia la Ley de Paridad y Alternancia. Pese a ello, aún hay aspectos por trabajar: el acoso y violencia política que las mujeres expresan ser víctimas cuando asumen cargos públicos es uno de ellos. Existen dictámenes que buscan estas prácticas: Dictamen de la Comisión de Mujer y Familia (5 de marzo de 2019), Dictamen de la Comisión de Constitución y Reglamento (6 de marzo de 2019) y Dictamen de la Comisión de Justicia y Derechos Humanos (7 de marzo de 2019). Sin embargo, ninguno ha llegado a votación. 

La ex ministra de economía, María Antonieta Alva Luperdi, señala que la educación es el primer frente para cerrar las brechas de género; «Creo que deben tener un cambio de mentalidad donde los hombres ayuden a que las mujeres salgan adelante, y que las mujeres se ayuden entre mujeres»

Otro aspecto es la sociedad machista y conservadora que los indicadores muestran. Durante la cuarentena se reportaron: 9 feminicidios, 153 mujeres desaparecidas, 87 violaciones sexuales (54 a niñas), 9362 denuncias por violencia de género y 1035 atenciones a mujeres agredidas. A esto se suma lo que encontró la encuesta de relaciones sociales el 53.7 % de peruanos piensa que las mujeres primero deben cumplir su rol de madre y esposa y luego sus sueños.

Para ONU mujeres, la respuesta es “una gobernanza inclusiva, donde las mujeres estén igualmente representadas; es un punto de partida para provocar transformaciones estructurales no sólo para sí mismas, sino indispensables para que eliminemos la violencia de género y garanticemos el ejercicio pleno de nuestros derechos”.