Hoy se escribe una nueva etapa en el mundo del periodismo, pues el efecto coronavirus ha cambiado muchas cosas. Entre ellas, el nuevo protagonismo de los medios digitales en tiempos de pandemia. Estos medios contribuyen de manera positiva al cubrimiento periodístico, sin embargo, hay problemas en la inmediatez y uso de la información, y especialmente en la confianza que los periodistas depositan en distintas fuentes.  

En primer lugar, ahora existe un flujo mayor de información oficial que puede o no ser real, pues las estimaciones de infectados o muertos cambian cada minuto, haciendo casi imposible para un periodista dar los datos exactos, obligándolos a actualizarse en cada momento. Algo parecido a lo que dice Caroline Chen, periodista de ProPublica, que vivió de primera mano la epidemia del SARS en Asia y estuvo encargada de informar sobre la expansión del virus del ébola en África. Ella aconseja que al brindar las cifras de contagios y fallecidos, se especifique que se trata de datos oficiales dados a la prensa en “esta mañana”, “esta tarde” o “ayer en la noche”. 

En la actual coyuntura, también se habla del mal uso que le dan algunos periodistas a la información, debido a su obsesión con “el famoso clic”. Pues, se ponen titulares con tono alarmista para atraer la atención del público, y entonces obtienen un número significativo de vistas. Para que haya equilibrio informativo, se debería hacer un buen periodismo de datos, en donde se contraste la realidad y su proyección a futuro, con los posibles escenarios de la crisis. Un ejemplo de esto, es la práctica periodística del Washington Post en sus redes, donde se elaboran gráficos para mostrar la información sobre los cuidados y datos en general del COVID-19 con ilustraciones claras y sintéticas, que permiten comprender mejor la situación actual para minimizar los riesgos de afectación. 

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Por otro lado, he observado a periodistas cuidadosos con el tipo de información que emiten, teniendo en cuenta que las publicaciones acerca de la pandemia podrían generar bien sea pánico o, en cambio una sensación de tranquilidad y seguridad. Según el periodista encargado de la sección de salud del diario español El país , Pablo Linde, mencionó en un seminario web realizado por la Fundación Gabo, que cuando llegó el virus a su país, una de sus fuentes más confiables, le dijo que “el Coronavirus se podía compararse con una gripe”, lo cual ahora se considera como información falsa. En ese momento, Linde hizo pública la información con el respaldo de esa fuente. Después de esta experiencia, considera importante analizar más la información y tardarse algunos días antes de publicar las noticias o reportajes sobre COVID-19, ya que el SARS-COV2, al ser un virus nuevo, les plantea a los periodistas un reto laboral constante, para poder sortear el grado de complejidad de una pandemia y los avances en las investigaciones científicas. 

Bill Hanage, profesor de epidemiología en la Escuela de Salud Pública en la Universidad de Harvard recomienda que

“Se tiene que llamar a cuatro o cinco científicos independientemente. Si todos dicen más o menos lo mismo, entonces realmente vale la pena poner algo de lo que ellos dicen en su reportaje”.

Por esta razón, al fiarse solo de una fuente, como en la situación planteada por Pablo Linde, quizás no se obtengan datos suficientes para hacer el contraste y elaboración de un artículo periodístico. 

Para encontrar fuentes fiables una de las redes sociales más importantes a nivel mundial, Facebook, está ayudando a todos sus usuarios a proporcionar anuncios gratuitos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para garantizarles que no estén desinformados sobre el COVID-19 y sus riesgos. Ahora los usuarios verán una ventana emergente que los dirigirá a sitios oficiales de la OMS o de su autoridad de salud local para obtener la información más verificada y reciente. 

En conclusión, frente a todos los problemas que ha traído la pandemia del coronavirus, los medios digitales cumplen el rol fundamental de contextualizar y ejercer un filtro más fino entre la información científica a la que se tienen acceso, y las audiencias que cada vez demandan contenido más verificado.