Quirúrgicas, KN95 o de tela; blancas, celestes o del color que desees, existen de todo tipo y para todos los gustos. Las mascarillas se han vuelto parte de nuestra vida y elementos clave en la lucha contra la pandemia gracias al nivel de protección que brindan frente a la Covid-19. Sin embargo, al tiempo que salvan la vida de miles de peruanos se convierten en potenciales agentes contaminantes. Al día se desechan alrededor de 15 millones de mascarillas en el Perú lo que equivale a 74,9 toneladas de desechos plásticos. Entonces, ¿qué impacto tienen y tendrán el uso masivo de mascarillas en el Perú? Además, ¿qué alternativas ecoamigables se apuntan como las más viables?

Mala gestión ecológica

Si hablamos de Perú, el país ya poseía un deficiente sistema de gestión de desechos. En el 2018, alrededor del 59% municipalidades, 486 de los 826 de municipios que hay en el Perú, no han implementado programas de recolección selectiva de residuos sólidos y reciclaje. Incluso la Defensoría del Pueblo había advertido el problema que estas entidades tenían para asegurar el correcto tratamiento de los residuos, llegando incluso a crear focos infecciosos que pueden afectar a la población.

Tras la llegada de la Covid-19, los mensajes del Ministerio del Ambiente (MINAM) sobre las recomendaciones en el desecho del equipamiento de protección personal (EPP), tales como mascarillas, guantes, protectores faciales, no han tenido el suficiente alcance en la población. En un comunicado emitido en mayo del 2020, el MINAM exhortaba a los ciudadanos a depurar estos instrumentos de manera diferenciada con respecto a los residuos sólidos:

“Tanto las mascarillas como los guantes deben disponerse en una bolsa plástica que debe ser amarrada con doble nudo y, en la medida de lo posible, se le debe rociar una solución de hipoclorito de sodio (lejía) al 0.5% de dilución”.

Sin embargo, la ausencia de una campaña nacional de concientización ha dado como resultado que las EPP se mezclen junto con los residuos comunes, o tal como señala Cástulo Ferro Córdova, supervisor general de los servicios de limpieza pública de la ciudad de Piura, se terminen desechando en los lugares públicos. Una práctica cada vez más común que pone en riesgo la salud de los trabajadores de limpieza.

“Siempre hemos encontrado en las veredas, en las pistas botadas. A veces van en el carro las arrojan y no sabemos si están contaminadas o no. Pero nosotros no tenemos acceso a agarrarlas con las manos. Ni con los guantes, sino por medio de los recogedores.”

En este sentido, instó a la población tener conciencia ambiental y consideración con el personal de limpieza que también forma parte de la primera línea. «Queremos que la comunidad también nos apoye y no arroje la basura por donde ellos quieren […] Que ya cuando estén usadas las mascarillas que se depositen en una bolsita, las amarren y en su basura diaria que sacan en su casa ponerla ahí. El carro la va a llevar a la hora que pasa. Porque así evitamos que la gente se contagie», recalcó Ferro.

Otra es la realidad en la gestión de residuos de EPP desde el sector salud. Para Gabino Mogollón Orejuela, gerente de salud ambiental del hospital Santa Rosa en Piura, el tratamiento de material hospitalario ha sido eficiente. Principalmente por la normativa del Ministerio de Salud que establece el protocolo para el desecho de residuos comunes (de oficina), biocontaminados (pañales, mascarillas, sábanas, etc.) y especiales (agujas, gasas, sondas y demás). Con respecto a las mascarillas explicó:

«Todos lo que son mascarillas de distinto tipo van en bolsas rojas y esos van al depósito, al almacén de residuos hospitalarios. Hay una empresa encargada de recoger los residuos diariamente y los lleva a un relleno de seguridad, que antes nosotros lo conocíamos como un relleno sanitario».

Sin embargo, los costos de recojo y eliminación son altos: «Alrededor de 400 mil soles al año«, señala Mogollón. Existe una alternativa más rentable y segura de hacerlo: el autoclave. Esta máquina se encarga de despatogenizar los desechos volviéndolos comunes para su recojo a mano de las municipalidades. Actualmente, en Piura ningún hospital cuenta con uno.

Asimismo, Mogollón Orejuela informó que, pese a las reiteradas solicitudes, el Gobierno Regional de Piura no ha gestionado la compra de la máquina necesaria para el proceso de «autoclave». «Nos resultaría más manejable y más barato. Acá en Piura ningún hospital tiene eso. Los únicos hospitales que mayormente tiene eso son en Lima. Bueno el centralismo siempre nos ha ganado», expresó.

La ruta de la mascarilla

Al día se desechan alrededor de 15 millones de mascarillas en el Perú, lo que equivale a 74,9 toneladas de desechos plásticos. Lo determinó un estudio publicado en la revista científica Science of the total enviromental. La cifra se estima mayor tras la disposición del gobierno del uso obligatorio de doble mascarilla.

Según un informe del World Wildlife Found (WWF), si solo el 1 % de las mascarillas se desecharan de forma incorrecta y dispersa en la naturaleza, esto resultaría en que hasta 10 millones de mascarillas mensuales contaminarían el medioambiente. Esto es alrededor de 40 mil kilogramos de plástico en la naturaleza.

Las mascarillas pueden tomar distintos caminos. Está el amigable y el perjudicial con el medio ambiente. El primero garantiza la gestión sostenible de los EPP de inicio a fin.

El próximo gran impacto medioambiental

La segunda ruta contribuye a la contaminación de mares y suelos. Debido a que no hay ninguna norma del Estado que controle el sistema de desechos de las mascarillas, las personas las siguen mezclando con los residuos comunes. Para algunos activistas como Pedro More, ingeniero ambiental y subdirector del grupo ambiental RUA, las mascarillas se pueden convertir en el próximo elemento de gran impacto para el medio ambiente y los seres humanos.

“Las mascarillas quirúrgicas son hechas de un material que es una tela no tejida de polipropileno, que es un derivado de lo que es el petróleo o el gas natural. Estas mascarillas se pueden comparar con lo que es una botella plástica, la diferencia es que las botellas plásticas se pueden reciclar […], pero las mascarillas desechables no”.

Se estima que una mascarilla abandonada en la naturaleza tarda entre 300 y 400 años. En el Perú, han sido encontradas mascarillas en mares y lugares públicos, como aceras o parques. Según el activista medioambiental, Pedro More, el viento puede trasladar algunas partículas de las mascarillas que se van deshaciendo e incluso pueden llegar a ríos y mares.

Aunque los científicos aún no determinan los efectos directos de la contaminación de los mares por estos materiales, lo cierto es que alteran el ecosistema de las especies marinas, quienes quedan atrapadas entre sus tiras o las confunden con comida. A la larga, el impacto alcanza a los seres humanos cuando ingieren peces o mariscos con altos niveles de microplástico en su organismo.

Esto lo tiene claro Mariana Orihuela, activista y fundadora de Seaumanoid, quien describe las potenciales consecuencias que tiene las mascarillas y sus componentes en la vida marina.

Alternativas amigables con el ambiente

Los científicos y ambientalistas han advertido la implementación de alternativas que preserven el cuidado del medio ambiente. Entre ellas recomiendan la generación de mascarillas hechas a partir de biopolímeros, tales como residuos de caña de azúcar, café y fibras de abacá.

Actualmente, el Perú cuenta con una mascarilla ecoamigable. El doctor en Ingeniería Ambiental, Mario Mirokawa y un equipo de científicos crearon la Eco Silver Plus. Esta máscara hecha con poliéster cuenta con cinco capas de protección; dentro de ellas se encuentra un tejido fino de hilos de plata que cumple la función antibacteriana y antiviral. Esta mascarilla es capaz de eliminar hasta 650 virus y bacterias.

Si bien su costo un poco elevado, 120 soles, ayuda a reducir el uso de las mascarillas desechables, pues este producto puede durar hasta un año y, como mínimo, cuatro meses.

Esta es la súper mascarilla del científico peruano Marino Morikawa – Lima  Gallery
La mascarilla Eco Silver Plus está fabricada para utilizarse todo el año y puede lavarse hasta 100 veces. Foto: Marino Morikawa.

A nivel internacional se vienen desarrollando distintos proyectos ecoamigables, como es el caso del colombiano Mauricio Páez creador de la “GreenFace”, una nueva mascarilla 100% biodegradable que está hecho en base de semillas que, una vez descartada, se pueda sembrar.

En Filipinas se ha fabricado mascarillas a base de la planta de “abacá”, cuyas hojas son muy parecidas a la de la planta de plátano. Sus creadores aseguran que estas son más resistentes al agua que las mascarillas KN-95.

En tanto, en Holanda, Marianee de Groo, ha innovado con la creación de sus barbijos hechos de papel de arroz que, además de ser biodegradables, contienen semillas de flores y se sujetan al rostro con un cordón de lana de oveja.

Sin embargo, mientras estas mascarillas ecoamigables u otras alternativas lleguen al Perú, lo recomendable es utilizar una quirúrgica sobre una mascarilla de tela. Esta es una opción muy económica que protege te contraer la Covid-19 y, al tiempo, reduce la contaminación del medio ambiente.

Al final no se trata de tener una única solución , sino que haya disposición de las autoridades y de la población para reducir el impacto medioambiental que tienen los equipos de protección personal (EPP) contra la Covid-19: guantes, protector facial y mascarillas.