La curiosa historia de un repartidor de periódicos en tiempos de pandemia. 

Cuando me levanté hoy, una de las primeras cosas que vi fue cómo un hombre joven de estatura mediana venía sonriendo hacia mí para entregarme un periódico. Se paró en mi ventana y lo hizo con mucha amabilidad. En ese momento, pensé que necesitaba a alguien que me motive con su historia para alegrarme el día. Por suerte, el joven de una tez oscura, producto de las quemaduras del sol, aceptó cortésmente en hacerlo. 

Él me hizo notar que no es común sentirse orgulloso de tener una profesión que no venga de algunas de las carreras tradicionales muy conocidas. Me explicó que lo ideal es presumir ser abogado, médico, administrador o hasta emprendedor. Pero, me hizo dar cuenta que no siempre es así. Ese joven se llama Luis Zapata Herrera que dejó la carrera de economía por ser canillita y no se arrepiente de nada.  

— Yo no me arrepiento haber dejado esa carrera, es más, prefiero decir con orgullo que me levanto muy temprano en las madrugadas para llevar la noticia a las casas de muchas personas.  

Les contaré algo de él, pues es originario de Castilla, tiene 40 años, de los cuales lleva casi 32 años en este negocio. De todas maneras, Luis me recalca que «no espero asombrarte con mi experiencia, he conocido a más personas con muchísima más trayectoria que yo, pero eso te lo menciono por si tienes curiosidad». Luis nunca ha descansado, incluso en feriados, o en circunstancias difíciles, como la que hoy estamos pasando: el aislamiento. 

Yo vivo con miedo, siento temor al salir a laborar todos los días con la preocupación de poderme contagiar, o peor aún, ser el causante de que alguien de mi familia tenga la enfermedad por mi culpa. Antes salía con mi mototaxi a repartir periódicos, me gustaba hacerlo porque no cargaba mucho peso, pero ahora con todo el tema de la inmovilización tengo que salir con bicicleta. No es que odie usar bicicleta, pero es mucho más lenta que una moto, no me ayuda con el sol, cargo más peso y, lo peor, es que es fácil que se la roben si en algún momento la dejo sola.  

En ese momento me ganó la curiosidad y no me aguanté en pedirle que me contara una de sus tantas experiencias en sus primeros días de trabajo después que anunciaron el aislamiento. Él me dijo: 

— Recuerdo que tuve un serio problema con los permisos para transitar al tercer día después de la promulgación. Obviamente yo no sabía que se tenía que llevar un permiso e inocentemente llevé mi mototaxi como un día normal. Además, mi otra sorpresa fue que el puente estaba cerrado. Lo que me obligó a dejar mi moto estacionada y caminar. 

Es ahí donde comienza su odisea con el mototaxi, ya que tenía que cruzar el puente para recoger los periódicos y debía llevar un permiso. Desde ese momento decidió recurrir a la dura bicicleta. 

Para que te hagas una idea de todo lo que pedaleo con mi bicicleta te describiré mi recorrido. En mi primera ronda comienzo a repartir desde el Asentamiento Humano Campo Polo, luego voy por Talarita y llego al Cercado de Castilla.  No te sorprendas, pero mi segunda ronda es exactamente igual, ya que hay clientes que quieren el periódico muy temprano y hay otros que lo prefieren tarde.

Para que se entienda mejor haré algunas comparaciones. Lo que él recorre parece un camino corto, pero son aproximadamente 8 kilómetros, algo parecido a rodear 23 veces una cancha de fútbol profesional en su totalidad. Lo que más me sorprende es tener que recorrer dos veces el mismo lugar, pedaleando así 16 kilómetros diarios. Y eso no es todo, pues aparte de pedalear también tiene que caminar, pues hay algunas calles cerradas, que lo obligan a dejar su bicicleta en la esquina de estas. Me cuenta que: 

— Es difícil vigilar mi bicicleta, mientras entrego y hago delicados cálculos matemáticos para manejar el dinero. Lo más impresionante es que tengo que hacer toda esa odisea en menos de 5 horas porque solo trabajo hasta las 10 de la mañana. Aunque, no es por presumir, pero todo ese esfuerzo es recompensado al notar que vendo aproximadamente 400 periódicos diarios.  

Los problemas más allá del pedal 

En ese momento, Luis se disculpó por hablar mucho de su bicicleta, y me dijo que desde ahora me promete no mencionarla más en lo que queda de su historia. Luis, le apasiona su trabajo, ser canillita lo llena de orgullo. Pues, lo hace. Es más en estos momentos, se siente muy afortunado de ese trabajo, ya que le permite tener una buena economía en casa.  

— Tengo para el colegio de mis hijos, mis compras y mis recibos. No sé si estará mal, pero a veces fío, ya sabes para tener satisfecha a la clientela. En parte, eso me funciona porque cuando me pagan por semana me sirve para las compras de toda la familia y cuando lo hacen mensualmente, me sirve para hacer pagos más fuertes como los colegios de mis hijos o lo de los recibos de luz y agua.  

De todas maneras, Luis tiene miedo, el hecho que este trabajo lo haga con empeño y orgullo no significa que no le tema a lo que pueda pasar.  

 

— Si no tuviera que laborar no saliera, no por flojo si es lo que piensas, sino porque me gusta apegarme a lo que dice el estado. Si ellos dicen algo, yo lo acato. De todas maneras, salgo y mi mayor temor es al llegar a casa después de la jornada, pues cuando lo hago, mis hijos llegan directamente a desinfectarme y luego me encierro hasta el otro día.

No crean que la única medida de precaución que toma es la que acaba de mencionar, porque obviamente toma muchas más, pero dependiendo a la situación. 

— Seré sincero, yo me adapto a lo que se adapta la gente, o mis clientes para que suene más bonito. Si los veo usando mascarillas, las uso; si los veo usando guantes, pues también los uso. Lo que me es difícil, es moderar mis hábitos, ya que no puedo tocarme la cara, la boca o la vista. Me es muy curioso ver todo lo que hace la gente cuando recibe el periódico porque hay algunos que lo desinfectan. Pero yo sé, por algunas charlas que me dieron, que el contagio jamás se dará por el papel y esto no lo dijo cualquiera, sino la OMS.  

Todo lo que me dice lo cuenta de manera tajante demostrando seguridad y disciplina. Y tiene razón, porque Luis lleva como un mes repartiendo los periódicos en plena pandemia y ni él, ni ninguno de sus compañeros se ha contagiado. De todas maneras, debe continuar teniendo precauciones. 

Después de una amena charla, me comenta que ha visto mucha preocupación en sus clientes por el coronavirus. Pero, de todas maneras, el virus ya llegó y todos tenemos que convivir con él, señala.  

— Es curioso notar el malestar de diversos sectores, al ver que no hay trabajo y a veces es duro, pero gracias a Dios, yo sigo con la oportunidad de laborar. Admito que las ventas han bajado, pero yo comparto lo que una vez mi hermano, que también es canillita, me dijo: hoy en día agradezco ser canillita.