El coronavirus es la principal noticia en todo el mundo y el trabajo de los periodistas durante la pandemia es más importante que nunca. Por ello, en escaso tiempo el periodismo digital ha conseguido hacer sombra a su mayor competidor, el gigante del periodismo tradicional, de las televisoras, la radio y la prensa.

Redescubrir el buen periodismo es una oportunidad que puede traer la crisis, esta nos ha conectado y el aislamiento ha revelado la vital importancia de la comunicación en plataformas digitales. Sin embargo, como el virus, también se propagan los rumores y los medios de comunicación tienen el rol de combatir la desinformación.

“No solo estamos combatiendo una epidemia, estamos combatiendo una infodemia”, declaró a inicios de febrero el director de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Gebreyesus. No obstante, el problema no es de la profesión como tal, sino del “periodismo” que se deja mercantilizar.

Ahora que solo podemos comunicarnos online vemos cómo las redes sociales han potencializado su poder como herramientas de información y conexión. A raíz de esto podemos identificar dos tipos de medios: los que brindan noticias de manera responsable con información de valor, y aquellos que aprovechan la coyuntura, el temor de la población para obtener “clics” con titulares sensacionalistas, alarmistas, publicando contenido sin verificación.

Karin Wahl-Jorgensen, profesora de periodismo de Cardiff University, en su más reciente investigación examinó el importante papel que juega el miedo en el cubrimiento que cien periódicos del mundo con amplia difusión hicieron del SARS-COV-2, una de cada nueve historias mencionaron el “miedo” o palabras relacionadas.

En este contexto se presenta también la dificultad para encontrar investigadores o doctores especializados, por lo que William Hanage, profesor asociado de epidemología en el T.H. Chan School of Public Health de Harvard, recomienda elegir cuidadosamente a los expertos porque aunque tengan un Premio Nobel, un doctorado o enseñen en alguna escuela médica, no se convierten en autoridad de todos los temas científicos; también menciona la importancia de distinguir entre lo que se sabe con certeza de las opiniones o especulaciones.

La pandemia del coronavirus es uno de los mejores ejemplos de cómo la divulgación de noticias falsas ha contribuido a difundir contenido que resta calidad y esto, lejos de combatir la desinformación, facilita que este virus sea el más difícil de erradicar. Esto deriva en una cobertura periodística retadora.

Fundación Gabo inició la campaña #PiensaAnterDeCompartir a principios de marzo, con la finalidad de luchar contra la infodemia y brindar a los ciudadanos durante esta coyuntura la información que necesita. “Quienes formamos parte de la Fundación Gabo reafirmamos nuestro compromiso de promover el mejor periodismo posible para tiempos de crisis”, reitera la organización.

Por otra parte, Pablo Linde periodista especializado en temas de salud del diario El País de España, afirma que no se debe alarmar a las personas, sino explicar e informar contando los hechos tal como son para así generar confianza con el lector. Debe existir un enfoque en términos de priorizar la información por grado de utilidad práctica y confiabilidad de la fuente. Es necesario  dejar la prisa, y la obsesión del clics, ya que, a largo plazo, los ciudadanos siempre estarán de lado de los medios informaron de manera responsable.

En este orden de ideas, ahora más que nunca, el periodista deberá demostrar su compromiso ético con los ciudadanos, por medio de la búsqueda de la verdad y la transparencia. El reto de informar lo que acontece independientemente del soporte o formato, y publicar información contrastada es el reto, en medio de una situación de incertidumbre generalizada.