En la actualidad, la tarea de informar es frenética. Todo periodista sabe que la regla de oro antes de publicar una noticia es corroborar su veracidad, sin embargo, la irrupción de las plataformas digitales en el periodismo ha cambiado su dinámica, y algunos medios se rigen por la inmediatez y no por la verificación.

A principios del 2020, agencias y medios europeos, como BBC Mundo, EFE, Europa Press, los diarios españoles El País, El Mundo, ABC, entre otros, hablaban sobre el brote de un desconocido virus el cual afectaba a una gran cantidad de pobladores. Con síntomas similares al de una gripe, este nuevo tipo de coronvirus, el SARS-CoV-2, sigue siendo un enigma para la ciencia.

En la actualidad, la tarea de informar es frenética. Todo periodista sabe que la regla de oro antes de publicar una noticia es corroborar su veracidad. Sin embargo, la irrupción de las plataformas digitales en el periodismo ha cambiado su dinámica, y un gran número de medios se rigen por la inmediatez y no por la verificación.

Ahora, ¿qué pasa cuando un medio de comunicación está enfocado en la inmediatez informativa sobre un virus desconocido? Un caos. La OMS llama a este fenómeno: Infodemia, entendida como el “exceso de información acerca de un tema, mucha de la cual son bulos o rumores que dificultan que las personas encuentren fuentes y orientación fiables cuando lo necesiten”. Lo más preocupante son sus consecuencias, la propagación del pánico y confusión de forma innecesaria entre la población, lo cual podría restar eficacia a las medidas de control de los gobiernos.

Entre las fake news más populares encontramos: consejos para evitar contraer el coronavirus a través del consumo de ajo, la infusión de hoja de coca, beber café, incluso agua de mar, entre otros. Los medicamentos también son objeto de información falsa, por ejemplo, se ha difundido la idea que la ivermectina no tiene efectos colaterales.

Fuente: Portadas de Ojo Biónico

La divulgación de información errónea se debe a que, en el ámbito científico, la población exige continuamente respuestas exactas sobre la enfermedad cuando esta aún se encuentra en investigación, sin resultados concretos. En el ámbito político, son las desafortunadas e incoherentes declaraciones de algunos líderes políticos, quienes en un afán de protagonismo, y algún otro factor incomprensible, desestiman la enfermedad o brindan recomendaciones tan disparatadas como inyectarse lejía.

En un principio es comprensible cometer errores teniendo en cuenta la novedad del virus y, por ende, su poca información científica. Sin embargo, los medios de comunicación deben ser más rigurosos en la publicación de noticias respecto al tema y evaluar si la información obtenida es válida y comprensible para su público, ya que las malas interpretaciones también pueden derivar en fake news. En el seminario web ‘Aciertos y errores en la cobertura del covid-19’ de la Fundación Gabo, el periodista Pablo Linde, encargado de la sección de salud del diario español El país sentenció: “Estamos ante un virus totalmente desconocido por lo que yo no me fiaría de artículos que aporten certezas muy firmes sobre este”.

Frente a ello, resulta útil destacar la labor de aquellos medios de comunicación que sí cumplen con su verdadera labor informando con la verdad. En nuestro país encontramos las secciones de Ojo biónico en Ojo Público, Verificador en La República, Coronavirus en Convoca, Comprueba en Salud con lupa y la serie investigativa COVID-19 en IDL Reporteros,  las cuales se dedican específicamente a investigar información viral en las redes sociales sobre la pandemia y determinar su veracidad.

Fuente: Secciones de fact-checking Comprueba, Ojo Biónico y Verificador

¿Por qué en las redes sociales? Porque son la plataforma en la que más se difunden las fake news debido a su gran concentración de usuarios. He de resaltar el rol de los influencers, no aquellos con miles de seguidores, sino los del día a día. Personas como tú o yo quienes al enterarnos sobre un determinado tema lo comentamos en nuestro entorno más cercano, por ejemplo, en un chat de Whatsapp, nuestros amigos y familiares lo comparten y así sucesivamente hasta terminar creando una gran cadena de desinformación.

En este escenario, la importancia de las audiencias es crucial, y por supuesto, los medios deben sensibilizarlas para evitar compartir información falsa y fortalecer la veeduría ciudadana frente a la viralización de contenidos en las distintas redes sociales y en las aplicaciones móviles.  Por ello, se vuelve peligroso que los periodistas generen “falsas esperanzas” frente a la aprobación de una vacuna a corto plazo, como afirma Holden Thorp, editor en jefe del Grupo Editorial Science.